EL SINDROME DE LA ADOLESCENCIA NORMAL
por MAURICIO KNOBEL
NORMALIDAD Y PATOLOGIA EN LA ADOLESCENCIA
Coincido plenamente con los autores que, al estudiar la adolescencia, destacan la importancia de los factores socioculturales en: determinación de la fenomenología expresiva en esta edad de la vida. Por supuesto lo mismo cabria señalar para cualquier otra etapa vita del ser humano. Es por ello que considero que, en general, cuando se establecen criterios diferenciales de tipo social, sociocultura, económico, etcetera., como predominantes en el estudio de la adolescencia, se esta escotomizando, por lo menos .en parte, el problema básico fundamental de la circunstancia evolutiva, que significa esta etapa, con todo su bagaje biológico individualizante.
Estudiar la adolescencia, tan sólo como una característica social determinada seria realizar una abstracción muy parcial de todo un proceso humano que es necesario considerar dentro de una verdadera totalidad del conocimiento de la psicología evolutiva.
Considero que, de acuerdo con lo que acabo de señalar este periodo de la vida, como todo fenómeno humano, tiene su exteriorización característica dentro del marco cultural-social en el cual se desarrolla. Así, debemos por una parte considerar la adolescencia como un fenómeno especifico dentro de toda la historia del desarrollo del ser humano, y, por otra parte, estudiar su expresión circunstancial de tipo geográfico y temporal histórico-social.
Ya G. Stanley Hall sostenía que el desarrollo y las concomitancias de conducta del mismo se producen "de acuerdo con pautas inevitables, inmutables, universales e independientes del ambiente sociocultural" (Muuss) (50). Aunque esta idea ha sido sumamente discutida y refutada, en especial por los psicológicos sociales vemos que el concepto básico pasa por periodos de revitalización y que aún investigadores altamente calificados del campo psicológico social, como Sherif y Sherif, reconocen que "los principios psicológicos fundamentales que obran en todos estos ambientales que obran sociales podrían ser los mismos" (61).
No hay, duda alguna de que el elemento sociocultural influye con un determinismo especifico, en las manifestaciones de la adolescencia, pero también tenemos que tener en cuenta que tras esa expresión sociocultural existe un basamento psicobiológico que le da características universales. Pretender que el redespertar de la sexualidad en el nivel de madurez genial no es un fenómeno básico de la adolescencia en nuestro medio; seria como pretender que el proceso mismo de la civilización no acontece en la realidad y que toda la circunstancia socioeconómica de desarrollo no ha sucedido y que la civilización no ha ocurrido como un fenómeno que incide directamente sobre la personalidad. Sería también admitir que no ha habido una sexualidad previa y que la personalidad es un sinónimo directo de madurez únicamente. Según estos criterios se podría arribar a la conclusión, absurda por cierto desde el punto de vista evolutivo, de que solo los adultos tendrían personalidad y también, por eso, sólo ellos tendrían sexualidad.
Teniendo en cuenta estos conceptos, al aproximarnos a la adolescencia en nuestro medio y con la objetividad necesaria para el investigador –que implica, por supuesto, considerar la situación actual del propio investigador y del objeto investigador nos ubicamos en el aquí y ahora del mundo adolescente, como un presente actual, reconociendo que por razones de ideología científica tenemos un preconcepto que define nuestro marco referencial teórico.
La experiencia psicoanalítica del tratamiento de adolescentes que concurren o son traídos a la consulta, muchas veces por consideraciones no sólo de tipo patológico en el sentido estricto del término, sino de conducta considerada como "anormal" dentro del marco familiar o social de nuestro medio la experiencia psicoanalítica con adolescentes con verdaderos trastornos psicopatológicos, que los son sino la expresión magnificada, distorsionada, pero que ocurre en la evolución normal, nos brinda otra fuente de información. Si a ello unimos los grupos de padres, los tratamientos de adulto en donde se hace una reconstrucción del mundo de su adolescencia, veremos otra perspectiva más de lo que significa este periodo evolutivo. Debemos añadir a esto la experiencia con grupos de orientación de padres, los de orientación para madres y grupos de discusión de jóvenes y de adultos, como otro de los aspectos significativos para comprender lo que ocurre con la adolescencia.
JEAN PIAGET
EL DESARROLLO MENTAL DEL NIÑO
El desarrollo psíquico, que se inicia al nacer y concluye en la edad adulta, es comparable al crecimiento orgánico: al igual que este ultimo, consiste esencialmente en una marcha hacia el equilibrio. Así como el cuerpo evoluciona hasta alcanzar un nivel relativamente estable, caracterizado por el final del crecimiento y la madurez de los órganos, así también la vida mental puede concebirse como la evolución hacia una forma de equilibrio final representada por el espíritu adulto. El desarrollo es, por lo tanto, en cierto modo una progresiva equilibración, un perpetuo pasar de un estado de menor equilibrio a un estadio de equilibrio superior. Desde el punto de vista de la inteligencia, es fácil, por ejemplo, oponer la inestabilidad e incoherencia relativas de las ideas infantiles a la sistematización de la razón adulta. También en el terreno de la vida afectiva, se ha observado muchas veces cómo el equilibrio de los sentimientos aumenta con la edad.
Las relaciones sociales, finalmente, obedecen a esta misma ley de estabilización gradual. Sin embargo, hay que destacar desde el principio la diferencia esencial entre la vida del cuerpo y la del espíritu, si se quiere respetar el dinamismo inherente a la realidad espiritual. La forma final de equilibrio que alcanza el crecimiento orgánico es más estática que aquella hacia la cual tiende el desarrollo mental, y, sobre todo, más inestable, de tal manera que, en cuanto ha concluido la evolución ascendente, comienza automáticamente una evolución regresiva que conduce a la vejez. Ahora bien, ciertas funciones psíquicas, que dependen estrechamente del estadio de los órganos, siguen una curva análoga: la agudeza visual, por ejemplo, pasa por un maximum hacia el final de la infancia y disminuye luego, al igual que otras muchas comparaciones perceptivas que se rigen por esta misma ley.


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